Dawn

January 23rd, 2008 - 4 Responses

El pasado lunes empezaron mis clases de maestría. Fuera de algunas cuestiones personales que nublaron un poco mis sentidos ese día, la experiencia ha sido excelente. En los pasillos de El Colegio de Sonora se percibe la sed de conocimiento que caracteriza a los académicos, a la gente que entiende la necesidad de estudiar la realidad para poder cambiarla, a quienes son sensibles a la problemática humana y saben apreciar sus potencialidades.

Aún no he tenido oportunidad de convivir con muchas personas. Me siento como cuando llegué a estudiar la licenciatura a una ciudad que conocía poco y donde la mayoría de mis compañeros tenía algún tipo de lazo o compartía identidades propias de quienes, forzosamente, por vivir en la misma ciudad, han pertenecido a los mismos grupos y fácilmente pueden intercambiar experiencias comunes cuando se encuentran de nuevo.

Es claro que tampoco estoy en el otro extremo, vengo del mismo estado, del mismo país y no soy tan diferente. Pero en verdad disfruto esto de no buscar desesperadamente establecer relaciones sociales estrechas con la gente. Me gusta esta parte inicial que suelo dedicar a observar y escuchar, lo considero un momento valioso que sólo se presenta una vez. En esta parte no tengo muchas ideas preconcebidas del lugar y su gente, fuera de lo que ya conocía de una manera relativamente superficial. Estos días forman parte de un estudio antropológico en el que primero conoces, entiendes, escuchas y aprendes a respetar a las personas… para luego pretender relacionarte con ellas. Es como tomarse un tiempo para ir descubriendo poco a poco las reglas del juego.

Ayer fue mi primera clase y debo confesar que mis expectativas no eran muy altas. Creí que el tema iba a ser poco de mi agrado, pero me había decidido a hacer el esfuerzo por obtener lo más posible de la experiencia. Mi grata y enorme sorpresa fue que realmente disfruté mucho la clase, entendí algunas reglas básicas y me dediqué a apreciar y saborear el hecho de volver a ser estudiante.

Entiendo la complejidad de lo que me pasa en este momento. El proceso de adaptación se ha dado a muchos niveles y en muchos aspectos de mi vida, pero ninguno de los obstáculos que se me han presentado es infranqueable y se que todo esto vale la pena por tener lo que deseo para mí y la gente que quiero.

Un beso.

Bueno, pues, ¿hubo fraude o no?

December 6th, 2007 - 2 Responses

Hoy por la tarde tuve una interesante plática con una persona de esas que uno se encuentra sin querer y se siente comprometido a saludar sin mucho ánimo. Lo interesante de este acontecimiento no versó precisamente en el contenido profundo de nuestra conversación, sino en lo ilustrativa que resultó para mi reiterante propósito de ejemplificar lo que considero es la clásica postura del ciudadano común con respecto a las pasadas elecciones presidenciales de 2006 y la política en general.

Esta persona, a la que llamaremos “Juanita”, es una chica sin mucho interés en nada que vaya más allá de ganar dinero para satisfacer sus necesidades básicas y alguno que otro “lujito”, conocer todos los chismes de la farándula mexicana y verse muy guapa todos los días. Un excelente ejemplar de “muchacha asalariada™”, término que divinamente acuñó mi querida amiga Georgina.

Iba yo caminando plácidamente hacia el nivel H del estacionamiento, decidida a hacer mis 2 minutos diarios de ejercicio por las escaleras, cuando me topé con Juanita y comenzó la conversación antes mencionada. Entre las clásicas frases de cajón relacionadas con resúmenes rápidos de los últimos meses de nuestras vidas y gestos de asentimiento condescendiente, Juanita, en su afán por encontrar un tema un poco más trascendente, recordó que a mí – en sus palabras – siempre me han gustado “esas cosas de política” y me preguntó entusiasmada: “oye, bueno, pues, dime, entonces… ¿hubo fraude o no?”

Mi cara de “¿y yo por qué?” no se hizo esperar. Sin embargo, recordando lo importante que es para la sana convivencia humana que uno no le arranque la cabeza a la gente que le incomoda la vida, decidí seguirle el rollo un ratito y le reviré un “la verdad no se, ¿tú que crees?”, a lo que ella respondió “pues la neta se me hace que ese señor (AMLO) nada más la hizo de tos porque no pudo soportar que perdió”, esto mientras ponía un gesto de triunfo ante tan profunda conclusión.

El punto de contar esta parte del encuentro con Juanita es precisamente argumentar en contra de quienes, aún sin la capacidad ni el interés de ver más allá de sus pestañas, consideran tener la verdad en sus manos construyéndose conclusiones que, no se dan cuenta, otros les ofrecieron como salida fácil a la ardua autopista de pensar por su propia cuenta.

Lo del fraude queda como algo secundario en este tema. El desinterés y la apatía del ciudadano común es lo que me atañe, además de cómo este proceso lo lleva a tomar decisiones basadas en argumentos simplistas, con un fondo que no pretende hurgar porque cree que no afecta a nada importante de sus vidas.

A Juanita le contesté: “he notado que hay opiniones encontradas, cada quien defiende su postura, hay quienes dicen que el fraude fue clarísimo, otros que no fue evidente, pero existió, y hay quienes, como no tenían ‘evidencias contundentes’, lo negaron… pero es muy interesante la discusión… si me pasas tu correo te mando algunos artículos para que decidas por tu cuenta”.

Lo que siguió fue un súbito cambio de tema y la promesa de mandarme un correo electrónico para que le pasara “esas lecturas”.

Todavía estoy intentando recordar cuándo le dí mi dirección de correo.

 En fin,

y tú, ¿qué tan Juanita eres?

 

 

Back (again)

December 4th, 2007 - 4 Responses

Dejando de lado las entradas triunfales propias de los regresos en este tipo de medios, me dedicaré a platicar un poco acerca de lo que ha acontecido en mi mundo los últimos meses, no tanto para poner al día a mis pocos lectores acerca de mi vida como para retomar el espacio que me ha servido, en algunas ocasiones, para hacer balances generales de las cosas que me ocurren.

Bueno, muchos saben ya que me casé. Para mi sorpresa, este acontecimiento ha resultado bastante extraño para mucha gente con la que me he topado últimamente. La mayoría no ha podido evitar la cara de extrañamiento, incluso he llegado a distinguir en sus comentarios de “ay… ¡qué padre!” cierto dejo de lástima que pone en evidencia lo que realmente quisieron decir: “ésta ya se chingó”. Lo cierto es que, tal vez sólo se trate de una paranoia mía resultado de los que fueron mis miedos al momento de tomar la decisión de unir mi vida por siempre a alguien, no cualquier alguien, debo aclarar.

Sin embargo, mi vida “de casada” ha distado mucho de lo que solía temer sería mi destino, tomando como referencia el de la mayoría de las mujeres que conozco. No he tenido que volverme esclava de mi hogar, ni de mi esposo, tampoco tuve que aprender a cocinar para darle gusto y mucho menos se han visto truncados mis sueños de llegar a ser una profesionista exitosa. Estoy en el camino, pero ahora con alguien a mi lado.

Hablando de lo de ‘profesionista exitosa’, me siento obligada a bajarle un poco de tono al concepto. De repente me sorprendo en la soberbia de imaginarme dentro de algunos años como una persona respetada por hacer las cosas bien (en esto no me voy a meter mucho porque ya lo he comentado, creo, bastantes veces), pero de repente recuerdo que la recompensa no está en el respeto de los demás, sino en los productos del trabajo bien logrado, productos que incluyen el hecho de beneficiar a otros, aprender en el proceso y obtener a cambio un estilo de vida que me permita ser libre para vivir.

Por otro lado, las cosas en mi trabajo han cambiado mucho. Sigo estando agusto con lo que hago, pero el ciclo está por cerrarse. Comencé a notar la urgencia por hacer “lo que sigue” por allá desde el mes de junio cuando descubrí la convocatoria de la maestría a la que apliqué en septiembre. Justo ahí fue cuando me di cuenta que necesitaba aprender muchas cosas para poder sentirme con la autoridad de definir los rumbos de importantes proyectos en mi trabajo o de decirle a alguien cómo hacer algo correctamente.

Este día estoy a sólo dos semanas de concluir con la bitter-sweet experiencia de trabajar en esto por dos años y medio, sólo el tiempo dirá qué tan útiles fueron. Mientras tanto, me descubro víctima de sentimientos encontrados con respecto a este proceso, algunas cosas van a ser difíciles de dejar atrás y otras no tanto, ni modo, de eso se trata.

Finalmente, algo no menos importante de los últimos meses ha sido un redescubrimiento de la relación con mi familia y amigos entrañables. Cada vez me siento menos enojada con el mundo y más receptiva de todo lo bueno que me pasa, de toda la gente que me pasa. Me siento tranquila, feliz, entusiasta, despierta a las cosas que es necesario criticar y cambiar, pero dispuesta a ofrecer la parte que me toca.

Bueno, tal vez me está afectando la mercadotecnia navideña, pero está bien, siempre y cuando no termine cantando villancicos.

Un beso :*